Citas promueve único servicio que

¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! El régimen de Castro da la bienvenida al reaccionario Vaticano

2016.11.19 22:52 ShaunaDorothy ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! El régimen de Castro da la bienvenida al reaccionario Vaticano

https://archive.is/IHDQa
Espartaco No. 46 Octubre de 2016
¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana!
El régimen de Castro da la bienvenida al reaccionario Vaticano
Traducido de Workers Vanguard No. 1077 (30 de octubre de 2015).
Al menos 100 mil cubanos se dieron cita en la Plaza de la Revolución de La Habana el 20 de septiembre [de 2015] para asistir a una misa católica presidida por el argentino Jorge Bergoglio (el papa Francisco). Uno de los lados de esta amplia plaza ostenta un enorme retrato del Che Guevara, el héroe de la Revolución Cubana asesinado con ayuda de la CIA en Bolivia en 1967. En el lado opuesto, fue colocado un gran póster mostrando a Jesús con las palabras “Vengan a mí”. Raúl Castro, el dirigente del Partido Comunista Cubano (PCC) en el poder, se sentó en primera fila y asistió a otras misas papales en las ciudades de Holguín y Santiago en los días sucesivos. El papa también tuvo una reunión de media hora con el hermano y predecesor de Raúl, Fidel, de 89 años, que un portavoz del Vaticano describió como “muy informal y amigable”.
Voice of America, órgano de propaganda de la CIA, celebró a Francisco por advertir al pueblo cubano contra “los peligros de la ideología” (voanews.com, 20 de septiembre de 2015). Por su parte, la dirección del Partido Comunista instó a los cubanos a asistir a las misas papales y ordenó su transmisión en vivo a través de la televisión estatal. Pósters con la cara del papa fueron desplegados en todo el país. En el discurso de recepción en el aeropuerto de La Habana, Raúl Castro elogió a Francisco por jugar un papel clave en las negociaciones que restauraron las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba; le regaló, además, un enorme crucifijo. Durante una visita previa al Vaticano, el dirigente del PCC incluso declaró en conferencia de prensa: “Si el papa continúa así, voy a regresar a rezar y a la iglesia, y no es una broma” (Washington Post, 10 de mayo de 2015).
La bienvenida de los dirigentes cubanos al papa Francisco —que se suma a la que dieron a sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando visitaron la isla— es criminal y representa un peligro mortal. La Iglesia Católica es, y ha sido siempre, un bastión mundial de la reacción política y social, especialmente en la propia América Latina. El Vaticano utilizará toda autoridad que adquiera entre la población cubana para promover la contrarrevolución utilizando el velo de la “democracia”. El regreso a la explotación capitalista en Cuba significaría la destrucción de las conquistas revolucionarias del país y daría paso a una renovada dominación neocolonial por parte de EE.UU.
El estado obrero deformado cubano en peligro
Cuba es el único estado obrero en América. La destrucción del dominio capitalista y la socialización de la economía hace más de 50 años dio paso a extraordinarios avances para el pueblo cubano. Los servicios médicos y la educación de calidad se volvieron accesibles para todos. Las mujeres fueron integradas completamente a la fuerza de trabajo y, hoy día, ocupan más de la mitad de las plazas en las facultades universitarias. Los doctores cubanos son enviados con frecuencia alrededor del mundo para prestar auxilio a las víctimas de desastres y epidemias. A pesar de la continua escasez material, Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo y un índice de mortalidad infantil por debajo del de EE.UU. y la Unión Europea.
Los imperialistas estadounidenses han trabajado incansablemente para derrocar la Revolución Cubana. Sus crímenes han abarcado desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta numerosos intentos de asesinato contra Fidel Castro, desde la promoción de las contrarrevolucionarias bandas terroristas de gusanos en Miami hasta la imposición de un embargo hambreador de décadas. Los obreros del mundo, en particular en Estados Unidos, deben estar por la defensa militar incondicional de Cuba contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista.
Sin embargo, el estado obrero, desde sus inicios, ha estado deformado por el dominio de una burocracia nacionalista hostil a la perspectiva de la revolución socialista internacional. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista en la antigua Unión Soviética, la burocracia castrista, levantando el dogma nacionalista del “socialismo en un solo país”, ha perseguido el sueño de opio de la “coexistencia pacífica” con los imperialistas. Para tratar de lograrla, ha socavado repetidas veces oportunidades revolucionarias en otros lugares de América Latina.
Por ejemplo, en la década de 1980 los burócratas del PCC aconsejaron a los sandinistas nicaragüenses, nacionalistas de izquierda, de no seguir “la vía cubana” de expropiar a la clase capitalista. Una y otra vez han promovido regímenes nacionalistas burgueses, desde la dictadura de Velasco en Perú a fines de los 60 y principios de los 70 hasta los gobiernos capitalistas de Brasil, Venezuela y otros países hoy en día. La grotesca acomodación de los estalinistas cubanos al Vaticano es parte de este marco. La defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada a la lucha por una revolución política proletaria para derrocar a la burocracia y establecer un régimen basado en el internacionalismo revolucionario y la democracia obrera. Para esto se requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista para movilizar a los trabajadores en lucha.
El socialismo implica una sociedad de abundancia material basada en un nivel de productividad económica más alto del que es posible bajo el capitalismo. Una sociedad así, que requeriría la tecnología más moderna y una división internacional del trabajo, no puede ser construida en un solo país, particularmente en una pequeña isla con escasos recursos naturales. En contraste, su construcción requerirá de una serie de revoluciones socialistas al nivel internacional, notablemente en los países capitalistas avanzados. La supervivencia del estado obrero deformado cubano depende en última instancia de la extensión de la revolución, especialmente a la bestia imperialista estadounidense.
Cuando las fuerzas guerrilleras pequeñoburguesas de Castro marcharon en La Habana en enero de 1959, el ejército y el resto del aparato estatal capitalista que había sostenido a la corrupta dictadura de Fulgencio Batista, respaldada por EE.UU., colapsaron. Inicialmente, el nuevo régimen no tenía intención alguna de expropiar a la clase capitalista local o las vastas propiedades de los imperialistas estadounidenses. Pero, frente al saqueo económico por parte de los partidarios de Batista y la hostilidad implacable de los gobernantes en Washington, el gobierno cubano se vio obligado a efectuar nacionalizaciones a gran escala de las plantaciones de azúcar, los bancos y otras compañías de propiedad estadounidense durante el verano y el otoño de 1960, así consolidando un estado obrero deformado.
En sus primeros años, el régimen fue hostil a la jerarquía católica, con razón. Fidel Castro denunció a los dirigentes de la iglesia en Cuba como “peones de la embajada estadounidense” y “fascistas de Franco”. Su furia fue provocada por una carta pastoral emitida por la jerarquía católica cubana condenando “el avance creciente del comunismo en nuestro país” (Time, 22 de agosto de 1960). Las propiedades de la iglesia fueron expropiadas, incluyendo más de 300 escuelas previamente reservadas a la élite que fueron transformadas en escuelas públicas bajo control estatal. Algunas estatuas religiosas fueron simbólicamente decapitadas.
La creación de un estado obrero y los avances económicos y sociales que se dieron como consecuencia fueron posibles únicamente gracias a la existencia de la Unión Soviética y su alianza con Cuba. Los soviéticos proporcionaron protección militar esencial contra el imperialismo estadounidense y subsidiaron a Cuba hasta con 5 mil millones de dólares de ayuda al año. La URSS proporcionaba alrededor del 60 por ciento de los alimentos de Cuba y casi todo su petróleo a cambio de azúcar. Estos subsidios fueron reducidos severamente con la descomposición del dominio estalinista en la URSS a finales de la década de 1980, y la destrucción contrarrevolucionaria en 1989-1992 de los estados obreros deformados en Europa Oriental y de la Unión Soviética los detuvo por completo. Cuba sufrió una profunda crisis económica conocida como el “Periodo Especial”. A partir de 1993, el régimen castrista implementó una serie de medidas orientadas al mercado que, a pesar de producir algo de recuperación económica, finalmente condujeron a un incremento significativo en la desigualdad.
Ese mismo periodo vio una creciente reconciliación del régimen con la jerarquía de la iglesia. La constitución fue enmendada a principios de los 90 para describir a Cuba como un estado “secular” (en vez de “ateo”), y los dirigentes del partido declararon que el ateísmo ya no era un requisito para militar en el partido. La Navidad y, más recientemente, el Viernes Santo han sido declarados días de asueto nacional. Sin embargo, la práctica de la religión en la isla sigue siendo limitada. Aunque alrededor del 40 por ciento de los cubanos han sido bautizados, muy pocos van a misa los domingos; los que lo hacen son en su mayoría adultos mayores. Entre los cubanos negros, los rituales y las creencias místicas de la santería, derivados de las tradiciones de los esclavos africanos llevados a Cuba por los colonizadores españoles, son significativamente más comunes.
A pesar de ello, el papel social de la Iglesia Católica ha crecido dramáticamente, con la aprobación tácita del gobierno. Las organizaciones de beneficencia y los centros culturales financiados por la iglesia han adquirido prominencia. En el marco del limitado acceso a las necesidades básicas, organizaciones como Cáritas y el Centro Loyola de los jesuitas actúan como centros de distribución de alimentos, pañales y otros productos sanitarios, además de ofrecer ayuda a los adultos mayores y proporcionar cuidado infantil, acceso a computadoras, etc. Estas organizaciones de beneficencia son financiadas por exiliados cubanos de derecha, de igual modo que varias escuelas de negocios que colaboran con la Universidad Católica en España para entrenar a los llamados emprendedores y organizar discusiones sobre el futuro económico de Cuba.
En 2010 empezó a operar un nuevo seminario en las afueras de La Habana. A principios de este año, los representantes de la Iglesia Católica dijeron que sus solicitudes para construir nuevas iglesias, que habían esperado largamente para ser aprobadas por el gobierno, empezaron a recibir luz verde. El alcance creciente de la Iglesia Católica ha sido aumentado por los cambios a las regulaciones del Departamento del Tesoro de EE.UU. que permiten a los estadounidenses viajar a Cuba para realizar actividades religiosas. Con un incremento en su financiamiento, la iglesia ha logrado construir redes de apoyo que podrían desempeñar un papel en la organización de futuras actividades contrarrevolucionarias.
Apóstoles de la reacción clerical
El papel del Vaticano en fomentar la contrarrevolución puede verse claramente en el caso de Juan Pablo II, el primer papa invitado a Cuba por el régimen de [Fidel] Castro en 1998. Ese papa, nacido con el nombre de Karol Wojtyla, jugó un papel ideológico fundamental en la creación del “sindicato” procapitalista Solidarność en su nativa Polonia en 1980.
Las décadas de mala administración económica, nacionalismo y capitulación a la Iglesia Católica por parte de la burocracia estalinista en el poder habían empujado a gran parte de la históricamente socialista clase obrera polaca a los brazos de la reacción clerical. La iglesia era en los hechos la única oposición legal a la burocracia. Después de consolidarse en torno a un programa contrarrevolucionario que incluía las demandas por “elecciones libres” y “sindicatos libres” —las consignas estándar durante la Guerra Fría de la CIA y sus secuaces anticomunistas en la AFL-CIO—, Solidarność intentó llegar al poder en otoño de 1981. Cuando los estalinistas se dieron a la tarea de suprimir a Solidarność en diciembre de 1981, apoyamos la supresión de los contrarrevolucionarios. Al mismo tiempo, enfatizamos que el crecimiento de la reacción católica era consecuencia directa de la bancarrota política de la casta burocrática en el poder.
Menos de una década más tarde, los estalinistas polacos abdicaron y Solidarność llegó al poder, marcando la destrucción del estado obrero deformado polaco. Estos eventos sirvieron para pavimentar el camino a acontecimientos similares en el resto de Europa Oriental y a la destrucción de la Unión Soviética en 1991-1992 —una derrota devastadora para la clase obrera internacional, incluyendo la cubana—.
El actual papa, el primero proveniente de América Latina, ha tratado de construirse una imagen de progresista por medio de sus homilías a favor de los pobres y los oprimidos. Pero, a pesar de las halagadoras declaraciones de los burócratas del PCC, la cara detrás de la máscara de Francisco es profundamente reaccionaria. En su juventud, Jorge Bergoglio fue miembro de la Guardia de Hierro, una organización derechista y clerical en Argentina. En la década de 1970 y principios de la de 1980 fue parte de la jerarquía católica en ese país, cuando la iglesia respaldaba la junta militar del general Jorge Videla. El sangriento régimen del general, que fue apoyado de principio a fin por el imperialismo estadounidense, asesinó o “desapareció”, al menos, a 30 mil obreros e izquierdistas. Un obispo o un cardenal estaba presente en todos y cada uno de los eventos públicos y los días nacionales para bendecir a los dictadores.
Parte del contexto en el que se da el creciente acercamiento entre los burócratas cubanos y el Vaticano son los esfuerzos diplomáticos de este último para dar fin al embargo económico de 55 años impuesto por Washington. Siempre nos hemos opuesto al embargo, cuyo propósito es estrangular a la economía cubana. Al mismo tiempo, advertimos que la campaña de cada vez más sectores de la clase capitalista estadounidense (y ahora del gobierno de Obama) para dar fin, o al menos relajar, estas medidas hambreadoras, presenta otro tipo de peligro para la Revolución Cubana.
En contraste con el embargo, los capitalistas en Europa (particularmente en España) y en Canadá han mantenido durante mucho tiempo intercambios comerciales con Cuba, con la convicción de que las políticas beligerantes de Washington han demostrado ser ineficaces para socavar al estado obrero. Los oponentes imperialistas del embargo buscan minar la economía socializada de Cuba y fomentar la contrarrevolución por otros medios, por ejemplo, inundando el país con artículos baratos de importación. Cuba, desde luego, debería tener el derecho a realizar intercambios comerciales y mantener relaciones diplomáticas con todos los países, incluyendo Estados Unidos. Sin embargo, es vital mantener el monopolio estatal del comercio exterior, es decir, un estricto control por parte del gobierno sobre las importaciones y las exportaciones.
Las ideas religiosas florecen particularmente en el terreno fértil de la escasez material, ofreciendo consuelo, glorificando el sacrificio y prometiendo recompensas después de la muerte. La Iglesia Católica, otrora bastión de la reacción feudal, promueve ahora la obediencia al orden de explotación capitalista (“Benditos sean ustedes los pobres”) y fomenta el fanatismo contra las mujeres y los homosexuales. El derecho al aborto es un buen ejemplo. Cuba es el único país en América en donde el aborto ha sido legal y gratuito desde finales de la década de 1960, un claro ejemplo de las conquistas que son posibles una vez que las cadenas del capitalismo han sido rotas. El papa Francisco y el resto de la jerarquía católica quieren no sólo prohibir el aborto, sino todas las formas de contracepción. El acceso sin restricciones a esos servicios es esencial para que las mujeres puedan tener control sobre si tener hijos y cuándo; sin tales servicios, serán empujadas fuera de los lugares de trabajo y relegadas una vez más a los confines reaccionarios de la familia.
Hoy en día, la Revolución Cubana se encuentra en una encrucijada. Los obreros en EE.UU. tienen el deber especial de defender a Cuba de la restauración capitalista y el rapaz imperialismo estadounidense. Esta tarea está intrínsecamente ligada a la lucha por la revolución socialista para barrer con los gobernantes capitalistas estadounidenses. La Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) está dedicada a construir el partido leninista de vanguardia necesario para llevar esa lucha a la victoria.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/46/cubana.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]


2016.06.05 19:48 ShaunaDorothy EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

https://archive.is/HdHvI
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Durante las últimas décadas, la policía sexual de este país ha capturado a cerca de un millón de personas. Se les encarcela, se les humilla públicamente y se les pone en peligro mediante los registros de “delincuentes sexuales” en Internet, se les rastrea con tobilleras de GPS, se les expulsa de sus propias comunidades y se les obliga a vivir bajo los puentes o en los bosques. Se han convertido en parias sociales, en los leprosos de la actualidad.
Incluso mientras el matrimonio gay —y los boy scouts (abiertamente) gays— son cada vez más aceptados, el esfuerzo de los gobernantes por legislar el sexo y la “moralidad” parece no tener fin. Su más reciente expresión es el frenesí azuzado contra un supuesto brote de incorregibles “depredadores sexuales”, especialmente los que supuestamente tienen como blanco a niños en Internet (es decir, un mundo fantástico) o a través de la pornografía (también pura fantasía). No hay tal epidemia; sin embargo, parece haber un gran número de policías infiltrados al acecho en los chat rooms. Se ha victimizado a miles sólo por mirar pornografía o por intentar comunicarse con otros, por no hablar del sexo consensual con menores, nada de lo cual sería un crimen en una sociedad racional.
Tal como ocurrió con la histeria de los años ochenta y noventa sobre las supuestas redes satánicas de abuso de menores en las guarderías, el depredador de Internet es un mito manufacturado por el gobierno y los medios. Incitando y manipulando el miedo y las actitudes sociales atrasadas, su finalidad subyacente es legitimar y fortalecer los poderes del estado capitalista. Mientras los políticos demócratas y republicanos sermonean sobre “proteger a nuestra niñez”, los imperialistas estadounidenses bombardean a niños en todo el mundo y millones pasan hambre incluso en este país, donde la tasa de mortalidad infantil llega al lugar 51 del mundo.
Entre las innovaciones legales más perniciosas, diseñadas para aumentar el control del gobierno, están las leyes federales que firmó el presidente demócrata Bill Clinton a mediados de los noventa y que le exigen a los delincuentes sexuales liberados que se registren en Internet y notifiquen a la comunidad su paradero. Otro estatuto le exige a las autoridades estatales que transmitan sus datos y huellas digitales al FBI para que éste forme una base de datos nacional. También está el “confinamiento civil”, que permite mantener a los prisioneros recluidos más allá del término de sus sentencias. Con estas leyes, los convictos de delitos sexuales se ven inmersos en un laberinto kafkiano de presunta culpabilidad, ostracismo social, castigos preventivos, miedo y violencia, frecuentemente de por vida.
Para Charles Parker de Jonesville, Carolina del Sur, y para su esposa, registrarse como delincuente sexual fue una sentencia de muerte. En julio, Jeremy Moody halló el nombre de Parker en el registro y ubicó su hogar en un mapa, se dirigió ahí y disparó y apuñaló a la pareja. “No he venido a robarte. He venido a matarte porque eres un abusador de niños”, dijo Moody, quien tiene la palabra “skinhead” [cabeza rapada] tatuada en el cuello. (Parker no había sido convicto por abuso de menores.) Posteriormente, Moody admitió que se preparaba para matar a otra persona que figuraba en el registro.
Un caso de estudio: Los Friedman
Hace poco volvió a las noticias el caso de Arnold Friedman y su hijo adolescente Jesse, documentado en la escalofriante película nominada al Oscar de 2003 Capturando a los Friedman. La película muestra cómo los dos hombres de Long Island, víctimas del abuso policiaco, la histeria de la comunidad y el sesgo judicial, fueron obligados a confesar en falso decenas de casos de abuso de menores que supuestamente ocurrieron en las clases de computación de Arnold, con la ayuda de Jesse. Un amigo adolescente de éste, Ross Goldstein, también fue condenado a trece meses de prisión tras ser obligado a confesar y a hacer acusaciones falsas contra Jesse.
Los cargos de esa cacería de brujas iban desde lo inverosímil hasta lo imposible. Como lo puso Jesse Friedman, un niño de diez años que asistía a las clases semanalmente alegó que había sido forzado a tener sexo anal u oral 30 veces en un periodo de diez semanas y —tras reinscribirse— fue violado 41 veces a lo largo del siguiente año. Entre lo que un cargo describía como abusos en grupo se incluía el “salto de rana”, en el cual Arnold y Jesse supuestamente sodomizaban a toda la clase de niños desnudos saltando de uno al otro. Pese a las historias de violencia física, abuso verbal y sexo forzado frente a toda la clase, no se presentó una sola evidencia: ni moretones ni ropa manchada de sangre. Ni uno solo de los padres expresó la menor sospecha hasta que la policía llegó a sus casas a interrogar a sus hijos.
El único hecho incuestionable es que en 1987 los agentes aduanales interceptaron un paquete dirigido a Arnold Friedman que contenía pornografía infantil, lo que llevó a la policía a allanar el hogar de los Friedman en el suburbio de Nueva York de Great Neck. La policía confiscó unas 20 revistas de pornografía infantil tomadas de varias partes de la casa y una lista de los niños que asistían a las clases de Arnold.
¡Al poseer pornografía infantil, Arnold Friedman no cometió crimen alguno! Fotografías, sexo de fantasía, entretenimiento: la pornografía no hace daño a nadie. ¿Cuántos de nosotros podríamos librarnos de la prisión si los “pensamientos desviados” se castigaran con cárcel? Al contrario de ciertos feministas y de los maoístas del Revolutionary Communist Party [Partido Comunista Revolucionario], quienes quisieran prohibir la pornografía sobre la espuria base de que provoca violencia contra la mujer, nosotros reconocemos que las leyes antipornografía dañan a todos al legitimar la censura y desatar la interferencia estatal en la vida privada. Nos oponemos a las leyes contra la pornografía y a las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, las drogas y las apuestas. ¡El gobierno debería sacar los ojos, oídos y narices de las alcobas y de las vidas privadas de la gente!
Según la retorcida lógica que esta sociedad promueve, Arnold Friedman, espectador de pornografía, debía ser por lo tanto un abusador de menores, por lo que fue condenado a una sentencia de diez a 30 años de prisión y murió en la cárcel en 1995, aparentemente por suicidio. Jesse recibió una sentencia de seis a 18 años tras las rejas. Lo liberaron en 2001 después de trece años, sólo para que comenzara una cadena perpetua de persecución legal y social.
Ya antes de que comenzara el juicio, las autoridades promovieron la noción de que cada uno de los estudiantes de Arnold debía ser considerado una víctima. Cientos de padres de familia histéricos se apiñaron en reuniones comunitarias exigiendo asesoría sobre cómo ayudar a sus hijos. Se les dijo que fueran a terapia. Años después, muchas supuestas víctimas testificaron respecto al terrible daño que sufrieron ellos y sus familias cuando el estado los obligó a inventar historias, y luego por la subsiguiente “terapia” basada en esas ficciones.
En 2013, la oficina del mismo fiscal que condenó a los Friedman revisó el caso en respuesta a una acusación de calumnia que el Tribunal de Apelaciones del II Distrito emitió en 2010. El tribunal escribió: “Aquí las actas indican una ‘probabilidad razonable’ de que Jesse Friedman fuera injustamente sentenciado”. Para la revisión de la fiscalía, Ross Goldstein (a quien los documentos legales se refieren como Kenneth Doe) habló por primera vez en 23 años. En un documento de nueve páginas dirigido al fiscal de distrito, afirmó: “Ninguno de los sucesos que Kenneth Doe supuestamente describió o que se atribuyen a él tuvo lugar en realidad”. Goldstein reunió a numerosos ex alumnos que hoy afirman que en las clases no ocurrió absolutamente nada y que la policía los intimidó para que rindieran falsos testimonios. Sin embargo (predeciblemente), el resultado del autoexamen fue que la oficina del fiscal se absolvió a sí misma de cualquier falta en el proceso.
La sexualidad infantil y el estado
El caso Friedman, una tragedia incesante para toda una familia, subraya varias cuestiones políticas importantes. El enfoque de la Spartacist League deriva de nuestra concepción marxista del mundo y nos enfrenta con el moralismo burgués y con frecuencia también con muchos grupos autodenominados socialistas. La sexualidad humana es muy amplia, pero su práctica está condicionada por cada sociedad particular. La sociedad burguesa estadounidense, con su componente de fanatismo religioso, destina una cantidad considerable de energía a delimitar los apetitos sexuales en nombre del orden social. Con sus policías, jueces y prisiones, la intervención del estado en las relaciones sexuales privadas tiene como fin imponer la moralidad que profesa la burguesía, y con frecuencia transforma una experiencia inofensiva y muchas veces positiva en una pesadilla. El estado burgués no es ni un árbitro neutral ni un protector de la ciudadanía; existe para asegurar la conservación del dominio capitalista.
La premisa de muchas leyes contra el sexo es que los niños son seres asexuales. De manera absurda, los púberes y los adolescentes con las hormonas desbocadas son considerados niños. De hecho, la sexualidad es parte de la constitución humana desde la infancia. Como discutimos con amplitud en el artículo “Unholy Alliance of Feminists and Christian Right—Satan, the State and Anti-Sex Hysteria” (La impía alianza de los feministas y la derecha cristiana—Satanás, el estado y la histeria antisexo, Women and Revolution No. 45, invierno-primavera de 1996), los niños son pequeños animales inquisitivos que en su camino a la madurez llevan a cabo experiencias y observaciones sexuales y de todo tipo. Tal como ocurre con otras especies de primates, el sexo entre los humanos tiene un amplio componente de aprendizaje. Hoy, en gran parte del país se le niega a la juventud el acceso oportuno a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual, dejándola vulnerable a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Si intenta actuar como la televisión e Internet le enseña, se mete en problemas.
Las leyes contra el estupro varían mucho de un estado a otro, pero todas criminalizan toda actividad que un tribunal considere sexual por el solo hecho de que un menor (alguien que no haya llegado a la “edad de consentimiento”) participe en ella, independientemente de si lo que suceda sea o no consensual. La ley mezcla deliberadamente el sexo consensual con el ataque sexual violento y con la violación. Cualquiera que sea hallado culpable de haber tenido sexo con un menor, o cualquier cosa considerada contacto sexual, se considera automáticamente un delincuente violento. La designación “depredador” puede aplicarse cuando un tribunal decide que una relación fue establecida o promovida con fines de “victimización”.
El único lineamiento para cualquier relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el entendimiento mutuo de las partes participantes— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual. Sin duda, determinar incluso lo más básico —por ejemplo, si un acto tuvo lugar realmente y si fue consensual— puede ser problemático a veces. Y ciertamente hay muchos casos en que la víctima de una violación o de un abuso violento puede recurrir a la ley. Al mismo tiempo, como alguna vez comentó el dramaturgo irlandés Brendan Behan en un contexto diferente: “Nunca he visto una situación tan terrible que un policía no pueda empeorar”. Además, desentrañar las cuestiones de la sexualidad humana del entramado de prejuicios sociales es casi imposible en esta sociedad dividida en clases y razas. Libre de la crueldad y la fría indiferencia que resultan de la búsqueda de ganancia, una sociedad socialista buscaría un enfoque científico a estas cuestiones difíciles.
Enciérrenlos...
Las leyes antisexo han creado una enorme masa de blancos potenciales, alimentando pesquisas con vastas sumas de dinero para trabajo encubierto y alentando procesos fraudulentos mediante el uso de oscuras invenciones siquiátricas y “testigos expertos”. En consecuencia, cada vez más víctimas caen en las fauces del sistema carcelario estadounidense, que ya es el mayor del mundo. Las cifras de la guerra contra los “depravados” sexuales se suman a las de la anterior “guerra contra el crimen” y a la continua “guerra contra las drogas”, eufemismos para nombrar la persecución legal racista que ha cuadruplicado la población carcelaria a cerca de 2.2 millones de personas al día de hoy, de las cuales casi la mitad son negras.
Desde los años setenta hasta hoy, el número de personas encarceladas como delincuentes sexuales se ha multiplicado. El libro Sex Panic and the Punitive State (Pánico sexual y el estado punitivo, University of California Press, 2011), de Roger N. Lancaster, aporta una investigación útil que describe el desarrollo de estos pánicos y muestra con precisión cuán vasto es el archipiélago de víctimas de la persecución sexual estatal. Lancaster escribe: “Nacionalmente, los casos reportados de abuso infantil saltaron de seis mil en 1976 a 113 mil en 1985 y a 350 mil en 1988: la cifra se multiplicó 58 veces en doce años”. Apuntando al terror irracional al “desconocido que acecha”, en un artículo publicado en el New York Times del 20 de agosto de 2011 titulado “Sex Offenders: The Last Pariahs” [Delincuentes sexuales: Los últimos parias], señaló: “El riesgo de que un niño sea asesinado por un depredador sexual desconocido es comparable al de morir fulminado por un rayo”. Lancaster también señala que “la mayoría de los perpetradores de abusos sexuales son miembros de la familia, parientes cercanos, amigos o conocidos de la familia de la víctima”.
Las cacerías de brujas antisexo han sido usadas para deshacerse de elementos básicos que los estadounidenses habían aprendido a considerar inherentes a la democracia, así como la “guerra contra el terrorismo” ha destripado toda una gama de derechos constitucionales. Como puede verse en el caso Friedman, lo primero que se pierde es la privacidad, seguida de la presunción de inocencia, cuando los acusados son satanizados. Luego se marca a los convictos de por vida. Hoy, cerca de 750 mil personas están en el registro de Internet que instituyó la “Ley Megan” de la era Clinton, promulgada tras el brutal asesinato de la pequeña Megan Kanka de siete años en un ataque sexual en 1994.
Al salir de la cárcel, Jesse Friedman —quien para empezar no había hecho nada— fue clasificado como “depredador sexual violento nivel III”, es decir, como alguien en alto riesgo de reincidir y como una amenaza a la seguridad pública. Como tal, tuvo que abandonar su casa tres veces. Con respecto a las restricciones de residencia, que le prohíben la proximidad con niños, escribió en su página web: “Si miras un mapa, te darás cuenta de que eso significa prácticamente cualquier parte. En algunos estados y ciudades se me prohibiría estar en cualquier lugar ‘donde se sabe que los niños se congregan’, incluyendo bibliotecas, museos, acuarios, playas e incluso eventos deportivos públicos”. “La Ley Megan”, escribió, “es el exilio social”.
Otros miles han sido convertidos en parias de manera similar. En Southampton, un destino vacacional para las celebridades neoyorquinas y los tiburones de Wall Street, unos 40 hombres convictos de diversos delitos sexuales se ven obligados a vivir en dos tráilers alejados de los centros habitados. Sólo uno de los tráilers tiene regadera y los que viven en el otro tienen que tomar el autobús dos veces por semana para ducharse.
La novela agudamente realista de Russell Banks, Lost Memory of Skin (La memoria perdida de la piel, HarperCollins, 2011), explora el horrendo mundo de los nuevos parias. El héroe es un joven tímido e ingenuo al que se le llama “el Chico”, cuyo fiel compañero y único amigo es su iguana Iggy. El Chico va a conocer a “brandi18”, con quien había tratado sólo por Internet, sólo para encontrarse con que en casa de ella lo esperan el padre de Brandi y cinco policías. Tras ser arrestado y condenado, se halla a sí mismo sin hogar, viviendo bajo un puente junto a otros “delincuentes sexuales”, pepenando comida de los basureros. En nombre de políticos que buscan un encabezado de prensa, la policía allana incluso ese lugar diminuto, sucio y semioculto, con resultados trágicos. A estos hombres del puente se les obliga implacablemente a recargar constantemente sus tobilleras de monitoreo:
“Toma media hora cargar completamente la batería del monitor, y durante esa media hora el Chico se siente íntimamente conectado a los demás millones de delincuentes sexuales, jóvenes, viejos y de otras edades...todos los cuales han conectado sus tobilleras electrónicas a contactos y están sentados en alcobas, salas y sótanos de casas, apartamentos y remolques, en estacionamientos, refugios de indigentes, parques públicos, aeropuertos, estaciones de tren, salas de espera, oficinas, en las trastiendas de restaurantes de comida rápida, bajo pasos a desnivel y puentes peatonales —como si todos ellos fueran hojas temblorosas en las ramas grandes y pequeñas de un vasto árbol eléctrico cuya sombra cubriera todo el país—”.
...y tiren la llave
Las diversas leyes estatales y federales de “confinamiento civil” que se han aprobado desde 1990 son una burla de la noción de “cumplir tu sentencia” y de la pretendida rehabilitación. Por ejemplo, la “Ley Adam Walsh de Protección y Seguridad de los Niños” de 2006 posibilita la detención indefinida de cualquier prisionero federal —incluso si nunca ha sido convicto de ningún delito sexual— que haya cumplido su sentencia pero sea considerado mentalmente “anormal” y se crea probable que cometa algún delito sexual en el futuro.
En el artículo “When the Feds Decide Who’s Sexually Dangerous” [Cuando los federales deciden quién es sexualmente peligroso], publicado en The Atlantic (20 de mayo de 2010), Wendy Kaminer señala: “Quienes confían en la burocracia federal y creen que los funcionarios usarán su poder adecuadamente, con imparcialidad y buena fe, pueden sentirse protegidos por él; a los demás debe preocuparles que el gobierno pueda detener ciudadanos indefinidamente, sin juicios con jurado, basándose en especulaciones sobre su futura peligrosidad”. Díganselo a los prisioneros de Guantánamo.
Bajo algunas leyes estatales, los sometidos a confinamiento civil pueden tener derecho a un proceso ante un juez, pero no a un juicio con la posibilidad de preparar una defensa. La mayoría no recibe “tratamiento” y prácticamente nadie obtiene algo de él. ¡Incluso se dio el caso de un hombre de Wisconsin de 102 años que no pudo someterse a tratamiento por fallas en la memoria y problemas de oído!
Hasta 2007, dos mil 700 hombres estaban recluidos en centros de confinamiento civil. Para escapar de las garras de estas instituciones penales/“terapéuticas” en las que se encuentran sepultados, algunos prisioneros incluso solicitan ser castrados, como lo relata el artículo “The Science of Sex Abuse” [La ciencia del abuso sexual] de Rachel Aviv (The New Yorker, 14 de enero de 2013). La primera persona detenida bajo la Ley Adam Walsh, Graydon Comstock, cuestionó la legislación en un caso ante la Suprema Corte en 2010. Aviv observa: “Para cuando el caso fue atendido, cuatro años después de que la sentencia criminal de Comstock expirara, él tenía ya 67 años y padecía del corazón, de diabetes e incontinencia. Ya dos veces había solicitado ser castrado, creyendo que la operación ayudaría en su caso, pero se le dijo que no estaba médicamente justificada”. En años recientes, la Suprema Corte ha refrendado diversos estatutos del confinamiento civil.
El poderoso análisis de Aviv de los horrores del confinamiento civil gira en torno al caso real de un soldado solitario llamado John, que se hizo amigo en un chat room de “Indy-Girl”. Sí, era un policía encubierto. El soldado, invitado a un tentador picnic al aire libre, rápidamente fue capturado por la Unidad Militar de Investigaciones y el FBI. John fue sentenciado a 53 meses en una prisión federal por poseer pornografía infantil y por “usar Internet para inducir a un menor a tener sexo”. Pero entonces fue cuando empezaron sus verdaderos problemas.
Tras salir en libertad condicional, John recayó y volvió a mirar pornografía con menores, por lo que rápidamente fue sentenciado a otros dos años en prisión. Seguía preso cuando el Congreso aprobó la Ley Adam Walsh, por lo que se le transfirió a una prisión médica de Massachusetts y, sin audiencia legal, se determinó que era de “alto riesgo”. Así pasaron cuatro años. En 2011 comenzó su audiencia de confinamiento civil. Al año siguiente, un juez dictaminó que John era demasiado peligroso para ser liberado y lo condenó a un “confinamiento terapéutico” indefinido en el sistema carcelario federal. Desde entonces sigue en ese limbo, donde una “terapia” diaria lo alienta a declarar cada vez más historias fantasiosas para ganarse la aprobación de los siquiatras, historias que sólo contribuyen a incriminarlo. Vivir en una tienda de campaña bajo un puente parece un destino preferible.
Nuevas brujas, nuevos inquisidores
En Estados Unidos, con su vena profundamente puritana y su insidioso racismo, la combinación de sexo y raza siempre ha sido usada como medio de control social. El mito del hombre negro depredador acosando a mujeres y niños blancos se conjuró para mantener aterrorizada a la población negra cuando la ley linchadora imperaba en el Sur de Jim Crow. Con frecuencia se ha recurrido a leyes antisexo para poner a hombres negros tras las rejas, incluyendo a celebridades como el boxeador Jack Johnson en 1912 y a Michael Jackson en 1994 y de nuevo diez años después.
Las cruzadas antisexo fueron una de las armas que se usaron para revertir las conquistas de las luchas por los derechos civiles y para apagar el descontento social de los años sesenta y principios de los setenta, especialmente el provocado por la Guerra de Vietnam. Tras tomar posesión en 1977, el gobierno demócrata de Jimmy Carter desató un asalto de reacción social interna mientras llevaba a la Casa Blanca el fundamentalismo religioso de los “renacidos”. Bajo el lema de los “derechos humanos” lanzó también la Segunda Guerra Fría del imperialismo estadounidense con el objetivo de destruir a la Unión Soviética.
La siguiente década presenció una de las cacerías de brujas más terribles y peculiares de la historia estadounidense: la histeria respecto al “abuso satánico” en las guarderías, que le arruinó la vida a cientos de hombres, mujeres y niños. El auge de esta cacería de brujas, que se extendió hasta principios de los años noventa, coincidió con la reacción reaganista —la cual, entre otras cosas, intentó enviar a las mujeres de vuelta a los hogares—. Se recortaron los fondos para el bienestar social y otros programas sociales, como las guarderías y preescolares para madres trabajadoras, provocando enormes dificultades y daños a las mujeres y los niños. El pánico del “abuso satánico” sirvió para encubrir un abuso real por parte del gobierno.
En el juicio más largo de la historia estadounidense, que se extendió de 1986 a 1990, el caso de la escuela preescolar McMartin, los niños testigos contaron historias de sacrificios animales, orgías, pasadizos secretos, mutilación de cadáveres y otras ficciones. El caso comenzó en 1983, y para el año siguiente el gran jurado había reunido 354 declaraciones que implicaban hasta 369 supuestas víctimas, mientras la policía anunciaba una enorme conspiración criminal. Más de 70 personas fueron condenadas injustamente. Mientras tanto, decenas de otros casos de “satanismo” barrieron el país, desde el condado de Kern en California, hasta Fells Acres en Massachusetts y la guardería Little Rascals de Carolina del Norte. En estos casos no se encontró evidencia alguna. Los acusados eran completamente inocentes, como señalamos entonces (a diferencia de prácticamente todo el resto de la izquierda) al defender a los trabajadores de las guarderías. Los Friedman fueron arrestados en medio de esa cacería de brujas.
Los liberales y feministas burgueses ayudaron a impulsar esa locura. Aunque se presentan como protectores de las mujeres y los niños, su remedio es pedirle al estado leyes más numerosas y más duras, así como más vigilancia policiaca. La versión más extrema de esa misma política fue el libro de 1975 de Susan Brownmiller, Against Our Will [Contra nuestra voluntad], famoso por su aseveración de que la violación es la principal forma en que todos los hombres controlan a todas las mujeres. Su propuesta: más mujeres policías.
En los años setenta y ochenta, los florecientes escuadrones de dios, dirigidos por gente como el fundamentalista católico Patrick Buchanan y el líder de la Mayoría Moral Jerry Falwell, se movilizaban contra el aborto y declaraban que el sida era un castigo de dios a los gays. Mientras los fanáticos de derecha sitiaban las clínicas de aborto, los feministas apuntaban contra la pornografía y un imaginario abuso satánico. Al impulsar este programa antisexo, los “progresistas” entablaron una alianza temporal con los evangélicos.
El estado respondió gustoso. En 1974, el demócrata Walter Mondale promovió la Ley de Prevención y Tratamiento del Abuso Infantil, que obligaba a los terapeutas, maestros y trabajadores sociales a informar a la policía de cualquier indicación de abuso. Así, se suponía que cientos de miles de educadores y trabajadores sociales actuarían como auxiliares de la maquinaria de represión del estado capitalista. En los años ochenta, el procurador general de Reagan, Edwin Meese, lanzó una gran campaña contra la pornografía, con bastante ayuda de sus aliados liberales. Con Internet, las cosas no hicieron sino empeorar. En los últimos quince años, las sentencias federales por posesión de pornografía infantil han aumentado en extensión más de 500 por ciento y pueden ameritar hasta cadena perpetua, la sentencia que suele darse al homicidio en primer grado.
Entre las feministas más prominentes que impulsaban las reaccionarias campañas antiporno estaba la fundadora de la revista Ms., Gloria Steinem, quien empezó su carrera como informante de la CIA. La despreciable Steinem también se subió con furor al tren del ritual satánico y la memoria reprimida. A mediados de los ochenta financió una excavación que los padres de familia de la escuela preescolar McMartin realizaron en busca de los (inexistentes) túneles y calabozos de los que habían hablado sus hijos bajo coerción. En 1993, Ms. salió con el encabezado: “El abuso ritual de las sectas existe —¡Créanlo!”.
En 1995, Steinem narró el documental de HBO The Search for Deadly Memories. Los apócrifos “recuerdos recuperados” de abuso cumplieron una función perniciosa en numerosos casos. Estos “recuerdos reprimidos”, como los llaman los trabajadores sociales fraudulentos, son la versión secular liberal de la histeria religiosa. Como materialistas convencidos, no nos lo creímos. Como señalamos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”, las técnicas que supuestamente revelan traumas reprimidos han demostrado ser excelentes para inducir recuerdos falsos, especialmente en niños pequeños y susceptibles. En ocasiones, es la policía quien implanta los supuestos recuerdos en el curso de los interrogatorios, como ocurrió en el caso Friedman. Los traumas verdaderos realmente trauman a la gente, que tiende a recordarlos.
El sexo, el matrimonio y la familia
¿Cómo es que la expansión de la tolerancia (salvo en reaccionarios endurecidos y fanáticos religiosos) respecto al matrimonio gay puede coexistir con una implacable cacería de brujas antisexo? Esto se debe a que el matrimonio, un contrato legal, es uno de los principales sostenes sociales del estado burgués. En una presentación el pasado mayo, David Thorstad, quien en 1978 estuvo entre los fundadores de la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA), señaló la desbandada del movimiento radical gay:
“El anterior desafío a la heterosupremacía, dirigido a liberar la sexualidad reprimida de todos, ha sido remplazado por un enfoque conservador y convencional por la aceptación de la sociedad capitalista heterosupremacista. Donde esto es más obvio es en la búsqueda del matrimonio y la participación abierta en instituciones opresivas como el ejército, así como los llamados a fortalecer las fuerzas represivas del estado mediante las leyes contra los llamados crímenes de odio”.
Así, en la búsqueda de la respetabilidad burguesa, las marchas del orgullo gay acogen contingentes de policías gays, cuyo trabajo incluye el arresto de “delincuentes sexuales”. Mientras tanto, los organizadores de las marchas vetan a organizaciones como NAMBLA, que llama por la despenalización de las relaciones consensuales entre hombres adultos y menores de edad.
A diferencia de los feministas, el establishment gay y, asquerosamente, la mayor parte de la izquierda “socialista”, nosotros siempre hemos defendido a NAMBLA y a sus miembros tanto de la represión estatal como de la victimización por parte de los patrones. Se trata de algo más que una cuestión de “libertad de expresión”. Muchísimos jóvenes, torturados y confundidos por sus propios sentimientos, en conflicto con la severidad represiva de esta sociedad, encontrarían reconfortante hablar de estas cosas con personas más experimentadas, como lo han hecho generaciones anteriores. En esta época, sin embargo, tener cualquier tipo de intimidad intergeneracional es jugar con fuego.
En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [Juventud, sexualidad y la izquierda], Sherry Wolf de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se sumó al linchamiento de Thorstad acusándolo de ser “el más constante y sonoro defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Conservando la premisa reaccionaria de las leyes de la edad de consentimiento, Wolf cita su libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation [Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT]: “Es incongruente que un niño dé verdadero consentimiento, libre de la desigualdad de poder, a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, los adultos y los niños no se enfrentan como iguales en lo emocional, lo físico, lo social o lo económico. Los niños y los adolescentes más jóvenes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder necesarios para tomar decisiones verdaderamente libres en sus relaciones con los adultos. Sin ello, no puede haber verdadero consentimiento”.
No importa que la mayoría de las relaciones entre adultos no cumpla con este criterio de consentimiento. En cuanto a la afirmación de Wolf de que “los adolescentes maduran a distintas edades”, ¿quién debe determinar la edad adecuada para la actividad sexual en una especie en la que esta edad ha estado, durante el 99 por ciento de su existencia, muy por debajo de la supuesta “edad de consentimiento” de la actualidad? Bajo el inhumano status quo capitalista, se asume que es el estado. Para los comunistas, es el ABC el oponernos a la intervención del gobierno en la vida privada de la gente y defender a cualquier grupo que luche por aumentar la libertad en las relaciones sexuales. Esto es una expresión del ideal de la vanguardia leninista como tribuno del pueblo. La ISO y cía. bailan a un son diferente, acomodándose a los valores burgueses y a la cacería de brujas contra aquéllos cuyas proclividades sexuales se consideran verboten [prohibido, en alemán en el original].
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels rastreó el surgimiento simultáneo de la familia y el estado como medios que la clase propietaria usó para consolidar y reproducir su poder cuando emergió de la sociedad humana primitiva. La monogamia de la esposa era necesaria para asegurar la paternidad para la transmisión hereditaria de la propiedad. Actualmente, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer. A los niños, la familia debe imbuirles la sumisión y el respeto por la autoridad, lo que frecuentemente engendra frustración y violencia. Como escribimos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”: “Las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos, como la nuestra, claramente no encajan con la rígida monogamia heterosexual que constituye el fundamento ideológico de la institución de la familia, reforzada por la religión organizada”.
La mayor parte del terrible daño que se inflige a los jóvenes y las mujeres tiene lugar en el seno de la familia. Sin embargo, en esta sociedad capitalista, la familia suele ser lo único que le queda a uno. Son escasos los servicios alternativos que la sociedad provee para criar a los hijos o cuidar a los enfermos y a los ancianos.
El fanatismo antisexo y la perversa persecución estatal persistirán mientras imperen la propiedad privada y la producción por ganancias. El estado capitalista no puede ser reformado para que sirva a los intereses de los explotados y los oprimidos. Debe ser barrido y sobre sus ruinas debe erigirse un estado obrero basado en la expropiación de los medios de producción. Para erradicar la opresión de la mujer y de los homosexuales, se requiere construir una sociedad socialista donde las funciones de la familia sean colectivizadas —guarderías y cocinas comunales, atención médica gratuita y de calidad, etcétera— liberando a la mujer de la carga de la crianza de los niños y de la esclavitud doméstica. En cuanto a lo que una sociedad racional conservaría de las relaciones sexuales, y de las relaciones sociales en general, los marxistas compartimos la amplitud de la visión que expresó el fallecido Gore Vidal (a quien tanto echamos de menos) en su artículo “Pink Triangle and Yellow Star” (Triángulo rosa y estrella amarilla, The Nation, 14 de noviembre de 1981):
“Cualquiera que sea el arreglo al que llegue la sociedad del futuro, debe reconocerse que los niños que lo necesiten serán criados con bastante más cuidado que hoy, y que a los adultos que no deseen ser padres ni madres debe dejárseles en paz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/delincuentes.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]